Latinoamérica y el Império de la Ley: un Regalo desde el Norte.
Un breve ensayo crítico acerca de los impactos de la colonización europea hasta la actualidad en latinoamérica.
Introducción
Este ensayo tiene como objetivo realizar un análisis crítico de la evolución del proceso social y político latinoamericano, centrándose en los legados del norte global, concretamente de Europa y Estados Unidos, y su relación con el fracaso del imperio de la ley en las democracias existentes en América Latina. Para llevar a cabo tal análisis, utiliza, principalmente, Teorías Críticas, como las Teorías Post-Colonialistas y las Teorías de la Dependencia, armándose de términos como 'Iberismo', 'Norte Global' e 'Imperialismo', con el fin de promover una amplia lectura sobre las consecuencias del proceso de colonización, aún presentes en las sociedades latinoamericanas y sus impactos en la región en la actualidad. De esta forma, explica las raíces de la cultura patrimonialista predominante y cómo ésta impide la implantación de un entorno que permita la existencia de un pleno imperio de la ley. No obstante, este ensayo realiza un estudio de caso, centrándose en la realidad peruana contemporánea en un contexto de severa crisis política, con el fin de ejemplificar el fracaso del imperio de la ley y el predominio del patrimonialismo en la misma. Inicialmente se hace un análisis histórico de Iberoamérica y sus características políticas, haciendo paralelismos con la actualidad. Posteriormente, se avanza sobre el caso práctico para luego concluir las ideas expuestas. Para lograr estos objetivos, utiliza la contribución de autores como Sara Almarza, Sonia Alda Mejías, Arnaldo Sampaio de Moraes Godoy, Júlio Ederson S. Santos y Diná da Rocha Loures Ferraz, para analizar, de manera crítica y fundamentada, el contexto latinoamericano actual y sus raíces históricas, profundamente ligadas a los intereses del norte global.
El Pasado Latinoamericano
“La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía.”, dijo el periodista y poeta cubano, José Martí. En territorio latinoamericano la libertad se colocó, y se coloca hasta hoy, como meta a alcanzar. A principios del siglo XXI, varios países latinoamericanos celebraron el bicentenario de su independencia, responsable de traer cambios estructurales políticos, sociales y económicos a la región. Como todo proceso de cambio de estructuras, éste tiene sus raíces en el proceso de ocupación colonial, que hoy muestra sus rostros en forma de legados que forman parte de la realidad latinoamericana, marcada por años de sometimiento, explotación y dominación político,social y económico basados en privilegios.
La conexión entre el continente latinoamericano y la Península Ibérica se inicia con la llegada de los españoles a finales del siglo XV y se extiende plenamente hasta el siglo XIX, cuando comienzan a gestarse y consolidarse los primeros procesos de independencia latinoamericana. Verdaderamente, a medida que avanzaba el siglo XVIII, el sistema mercantil y el régimen de exclusividad exportadora, que marcaron el dominio ibérico sobre el continente americano, vieron su agotamiento y, en consecuencia, su hundimiento. En este contexto, las luchas independentistas cobraron fuerza y se inició un cambio en la lógica estructural de los pueblos latinoamericanos, con el objetivo de llevar la descentralización política europea a la región. Sin embargo, cabe señalar que, contrario a lo que se creía, las investigaciones históricas realizadas por las naciones latinoamericanas indican que el proceso de separación de las metrópolis se inicia antes de finalizar el siglo XVIII. Si, por un lado, los enfrentamientos bélicos se dieron durante los procesos independentistas del siglo XIX, la génesis de los movimientos de liberación comenzó a darse antes, cuando los hombres nacidos en el territorio empezaron a darse cuenta del significado de 'vivir en colonias'. Según la autora del libro 'PENSAMIENTO CRÍTICO HISPANOAMERICANO: Arbitristas del Siglo XVIII' (1990), la Dra. Sara Almarza, el sentimiento de vivir en las colonias ibéricas se refiere a “la conciencia de la situación injusta frente a los privilegios concedidos, en el trabajo, a las personas de origen europea, en contraste con el desprecio por los nacidos en el continente”. Se argumenta que esta lucha por la libertad, tan codiciada a lo largo de la historia latinoamericana, se inicia en registros de manifestaciones en el lenguaje, aunque no conformaron un grupo consolidado de opinión. Ya en el siglo XVII existen registros de individuos que no veían a España como su 'patria', sino al continente americano. En el caso luso-brasileño, el libro Diálogos da Grandeza do Brasil, de 1618, ya presenta registros de una narrativa que diferenciaba “los que venían de allá” y “los que nacían de aquí”. De hecho, la presencia de esta dicotomía entre 'privilegiados' y 'desfavorecidos' permanecería presente durante mucho tiempo en territorio latinoamericano.
Con la llegada del siglo XIX, América Latina observa varios procesos de independencia, comenzando con Haití, en 1803. También en este período, la Revolución Industrial ya había transformado la sociedad inglesa, que se posicionó como la mayor potencia mundial, abrazando los principios liberales de la época, defendiendo los ideales del libre mercado y exportándolos al resto del mundo. Estos dos hechos están conectados, ya que en relación al capital financiero, varias economías y naciones latinoamericanas jóvenes contrajeron, en este período, sus primeros empréstitos de los banqueros ingleses, ya que no pudieron saldar sus deudas y se vieron obligados a absorber nuevos empréstitos, que llegaron con tasas de interés cada vez más altas. Con esto, se desarrolla la génesis de los estados latinoamericanos independientes junto con un círculo vicioso de dependencia préstamo-interés. Inglaterra, durante el siglo XIX, se posicionó como la principal nación inversora en las nuevas naciones latinoamericanas, las cuales se convirtieron en sus principales exportadoras de materias primas. En este sentido, según el estudioso poscolonial Edward Said, define a Inglaterra como “una clase imperial por derecho propio, más grande, más grandiosa y más importante que cualquier otra”, presentando datos que muestran que en 1800 las potencias occidentales dominaban el 35% de la población de la superficie de la Tierra. En otras palabras, la independencia política latinoamericana viene de “manos atadas”, debido a una fuerte dependencia económica estructural.
Apoyándose en democracias frágiles, alta dependencia económica y grandes acumulaciones de deuda, las naciones de América Latina se encontraron “atadas”, atrapadas en el vicio de la dependencia que las había acompañado desde sus inicios. A fines del siglo XIX, José Martí utilizó el término “imperialista” para referirse a la potencia americana emergente, los Estados Unidos. En su ensayo Nuestra América (1891), construye un documento que llama la atención sobre la importancia de crear una cultura americana propia y un peligro imperialista norteamericano. Sin embargo, fue especialmente a mediados del siglo XX, con el surgimiento de la Guerra Fría, cuando el gobierno de Estados Unidos puso la mira en las debilitadas democracias latinoamericanas y la región se encontró en un largo período de desestabilización. En verdad, los intereses de los norteamericanos, junto con las conveniencias de las élites nacionales, permitieron que en América Latina llegaran al poder varios gobiernos autoritarios, dictatoriales, que “como verdaderos títeres de los deseos americanos dirigieron varios países”. En este sentido, no es erróneo observar que, en vista de lo anterior, la independencia de los países latinoamericanos significó, en realidad, un cambio de poder de las naciones que explotaban las materias primas (i.e. España y Portugal) para someterse a la dependencia del capital extranjero de Gran Bretaña y los Estados Unidos de América.
Hoy, las marcas de estos períodos son muy visibles. No es tarea difícil imaginar que la formación sociopolítica del período colonial, que duró cerca de 300 años, dejaría a los pueblos latinoamericanos con una sociedad estratificada en la dicotomía entre los amos, representados por las aristocracias y las oligarquías, y los poseídos, representados por los esclavos. De hecho, los proyectos nacionales desarrollados en la región se asentaron sobre las bases establecidas en las colonias. Como resultado, las sociedades latinoamericanas son vistas como “un mosaico de separación social”, donde la desigualdad, la pobreza extrema y la concentración del capital son parte de la realidad, pero pocos pueden explicar por qué. En este sentido, Joaquim Nabuco, en el siglo XIX, afirmaba que “no basta acabar con la esclavitud, es necesario destruir la obra de la esclavitud”. Verdaderamente, los impactos de esta génesis histórica latinoamericana aún no han sido destruidos; quizás explicando el fracaso del 'imperio de la ley' en la región, además de ayudar a formular términos académicos que expliquen este hecho, como 'iberismo'.
El Imperio de la Ley y el Iberismo en América Latina
En esta parte del ensayo es crucial, en primer lugar, explicar algunos términos que ayuden a comprender el argumento aquí propuesto. Inicialmente, pues, se hace una breve explicación del término 'imperio de la ley'. El mismo se explica brevemente como un término utilizado para observar cuán respetadas, aceptadas y aplicadas son las leyes de un Estado en su territorio y entre sus ciudadanos, así como su efectividad y aplicabilidad. Según la Dra. Sonia Alda Mejías, “El imperio de la ley alude a la superioridad de este frente a cualquier voluntad particular, y su configuración como único medio para regular la sociedad y sus relaciones”. De esa manera, desarrolla que el Estado y sus representantes deben regularse ante la ley, y deben poder aplicarla a todos sus ciudadanos, en todo el territorio que los abarque, sin excepciones, a fin de propiciar un ambiente que permita la existencia de un pleno estado de derecho; como argumenta en su artículo “La debilidad del estado de derecho en América Latina: un factor para entender la implicación del crimen organizado”, de 2015. En su obra, demuestra cómo el 'imperio de la ley' no se aplica en latinoamérica. En efecto, América Latina, en la actualidad, a pesar de ser una de las regiones de más rápido crecimiento en el mundo, también se caracteriza por tener una de las áreas urbanas más desiguales del mundo. Por lo tanto, el siguiente análisis es relevante:
“Es una región marcada por un alto grado de exclusión y desigualdad social a la que se suman democracias en fase de consolidación. La región aún convive con las reminiscencias del legado de regímenes autoritarios dictatoriales, con una cultura de violencia e impunidad, con una baja densidad de Estado de derecho y con la precaria tradición de respeto a los derechos humanos en el ámbito interno.”
Con esto, aparece el término ‘iberismo’, que engloba una corriente de pensamiento que busca explicar las influencias, positivas y negativas, del proceso de colonización ibérica en la región latinoamericana. Como se explicó anteriormente, la historia de América Latina con respecto a las influencias externas es vasta y ha marcado profundamente el desarrollo de la región. De esta forma, en lo que se refiere a las leyes y al Derecho, se advierte, analizando esta región, que las cuestiones sociales y jurídicas “configuran paradigmas donde el Derecho es vivido unas veces como emancipación personal o social y, otras veces, como expresión de la oligarquía o autoritarismo estatal”. Lo que sucede es que el Derecho y la moral están separados en las sociedades latinoamericanas, siendo el blanqueamiento un resultado de lo mismo, pero, al mismo tiempo, no son el espejo de esta misma sociedad. De esta manera, la formulación de normas estatales, en América Latina en particular, se dio, durante siglos, como un instrumento que expresaba las voluntades y los anhelos de los colonizadores y, posteriormente, de la élite dominante, quienes trajeron consigo las fuertes raíces del patrimonialismo a la región, convirtiéndose así en un poderoso instrumento de formación de valores, creencias, deseos e intenciones que, debido a las grandes diferencias presentes en este territorio, se tradujeron en intolerancia religiosa, exclusión social y quiebra del imperio de la ley. Surge entonces el iberismo como forma de categorizar este fenómeno.
Después de todo, es contradictorio pensar que una región que emergió, se desarrolló y se estructuró frente al sometimiento de regímenes basados en privilegios patrimonialistas no tendría dificultades para implementar un sistema basado en el estado de derecho, que se posiciona precisamente contra tiranía y arbitrariedad política. De hecho, el pasado latinoamericano no define ni definirá nunca su futuro como región, pero no es posible realizar un análisis de la región sin tener en cuenta factores tan recientes en su historia. Para comprender mejor cómo se observa esto en la actualidad, se realiza un breve estudio de caso sobre la situación política actual en la República del Perú.
La Crisis Política Peruana
La reciente crisis política en la República del Perú tiene su origen en 2016, cuando la candidata propuesta por el partido político Fuerza Popular, Keiko Fujimori, perdió las elecciones presidenciales con un pequeño margen de diferencia de votos y acusó a los órganos electorales de fraude. Desde entonces, la nación peruana se encuentra en una intensa crisis política, habiendo sido, en un período de 6 años, gobernada por cinco presidentes diferentes, siendo el actual Pedro Castillo. Esta crisis se extiende, actualmente con fuertes oleadas de protestas que vienen a deslegitimar al presidente Castillo, acusándolo de varios escándalos políticos, los cuales son refutados por el jefe de Estado, quien asegura que tales acusaciones son orquestadas por la oposición, la Fiscalía y demás organismos del Estado, como un intento de sacarlo del poder. En ese sentido, la Organización de Estados Americanos (OEA), pidió “preservar la institucionalidad democrática” y aprobó una resolución de respaldo al Gobierno peruano, según informó el diario francés France 24.
La solicitud de la OEA explica el principal problema de la actual crisis peruana: la descreencia en las instituciones democráticas. Para entender este problema, tal como propone la Dra. Sonia Alda Mejías, es fundamental comprender la concepción patrimonialista del poder, fuertemente presente en la sociedad peruana. Tal concepción entiende que el ejercicio del poder dentro del Estado, realizado por particulares, pierde su carácter de 'propiedad pública' y se convierte en ‘propiedad privada'. Es decir: los individuos encargados de administrar la máquina pública, la entienden como de su propiedad exclusiva, y comienzan a administrar bienes, servicios y personas buscando el bien propio antes que el bien común. La consecuencia de esta práctica, cuando arraigada en una sociedad, es el mal funcionamiento del Estado, que se vuelve excluyente, basado en una lógica de privilegios, redes de contacto e influencia. De esta manera, parte de la sociedad queda marginada, incapaz de abordar correctamente sus problemas y disminuye la confianza popular en las leyes, lo que crea una situación en la que el imperio de la ley se torna inexistente.
Al analizar la historia de la construcción social del Estado en el Perú, volvemos al gobierno de Ramón Castillo, conocido como 'primer castillismo'. La República del Perú eligió democráticamente a su primer presidente en 1845, luego de un período de fuerte inestabilidad política en el país, marcado por varios golpes de Estado. La sociedad peruana se vio debilitada, presentando varios problemas que son observables en otras naciones latinoamericanas, como la esclavitud, los conflictos con los pueblos indígenas y la falta de derechos otorgados a la sociedad civil. Las medidas impulsadas por Castillo fueron zigzagueantes, siendo en ocasiones muy favorables a los indígenas y poco expresivas frente a los artesanos y ‘castas’. Según la lectura de Carmen McEvoy, el “estilo político” castillista se definió como aquel basado sobre todo en alianzas patrimoniales y clientelistas entre el Estado central y las autoridades regionales. Estos problemas y tales órdenes de gobierno patrimoniales nunca fueron abordados abiertamente y el proceso para combatirlos no se llevó a cabo. Es decir, el propio estado de derecho peruano surge con cimientos sumamente marcados por el patrimonialismo, que es la expresión de una sociedad basada en los privilegios, los cuales no fueron expuestos y destruidos aún después del fin del dominio colonial, manteniéndose dicho orden hasta el día de hoy.
En la actualidad, con el gobierno de Pedro Castillo, la grave situación de inestabilidad y enfrentamiento permanente entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo se explica desde la lógica patrimonialista, que también se vio en el siglo XIX. Esto ocurre porque ambos poderes del Estado se entienden con derecho a gobernar el país, no viéndolo como máximo representante de la democracia, sino como representante personal de sus intereses y creencias particulares. Estos rasgos actuales son marcas de un pasado que entró en la cultura de la región. Esto se observa al analizar que incluso presidentes del país, como Castillo y Cerrón, quienes propusieron acabar con el neoliberalismo y el neopatrimonialismo, terminaron por asemejarse a los gobiernos anteriores de Fujimori y García, quienes preservaron este sistema. Como escribió Sinesio López, “Perú está presenciando una lucha feroz entre un neopatrimonialismo de tiburones y un neopatrimonialismo de pirañitas. Los neoliberales sostienen que los tiburones son técnicos y las pirañitas, ignorantes”. Tal ignorancia, se argumenta, no es más que el retrato de una cultura fuertemente ligada al patrimonialismo estructural. Así, sólo es posible imaginar un imperio de la ley en pleno funcionamiento en el Perú cuando se reconoce debidamente el patrimonialismo de su sociedad y se pone en práctica un cambio estructural en la cultura de la sociedad, comenzando por la educación.
Conclusión
Las marcas históricas de una región nunca pueden ser ignoradas y sus efectos siempre pueden visualizarse en el presente. América Latina tiene una larga historia de explotación basada en un sistema de privilegios, lo que hizo que el patrimonialismo se convirtiera en un rasgo cultural llamativo, debilitando actualmente las democracias de la región. Este ensayo no hace un juicio de valor sobre las naciones dominantes del pasado latinoamericano, sino que aborda sus impactos para comprender cómo se estructuran dichas sociedades en el escenario actual. No se trata de trasmitir culpas, ni de afirmar que América Latina está condenada al fracaso democrático, sino de rastrear las causas que explican el fracaso del Estado de derecho para iniciar un cambio en la mentalidad y la cultura de los pueblos latinos. Como se explicó anteriormente, la República del Perú se muestra, como varias otras naciones de la región, como un cuadro claro de las consecuencias de este patrimonio, que debe ser conocido y comprendido por la población. El trabajo a realizar para observar un cambio en las estructuras no solo del Perú, sino de los países latinoamericanos en general, viene en el sentido de romper con las ataduras del pasado, a través de una educación básica que enseñe a los ciudadanos a observar de dónde estos vicios tan presentes hoy en día provienen. La liberación latinoamericana, como la soñó José Martí, es posible.
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