Desierto húmedo.

En la llanura seca de tus amares,
está la aridez cruda de las señales.

Jugoso fluyo entre tus fuegos,
me derramo líquido en tus dedos.

De tierras lejanas donde solo hay arena,
dispara en la montaña el áspero grito de tus amores. 
Confundidos entre el calor sin pena,
quemo y me ardo al recordar tus dolores.

Deslizo libre entre la selva,
mojo lo suyo con todo el mío.
Vengo de una parte en que no se salva
nomás el sabor dulce del río.

Y en la corriente, tibia, te enredo,
se funden tierra y marea en silencio;
tu aliento cálido rasca mi cuello, lento,
y el mar mío arde bajo el deseo.

Como el agua, voy al sur otra vez
llevando conmigo lo salado de tu tez.

Castillo de arena se deshace,
se va la ola y el calor renace.






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